Fundador del Movimiento Familiar Cristiano
Padre Pedro Richards

R. P. Pedro Richards, C.P.

BIOGRAFÍA OFICIAL DE LA COMISIÓN SEDE DEL MFC ARGENTINA

 

El Padre Pedro nació en la calle Zaire y Monroe, barrio de Belgrano, Buenos Aires, el 31 de di­ciembre de 1911 y fue anotado como Juan Enoch Richards, pero bautizado también como Pedro, nombre que asu­mió en su vida sacerdotal.

Su padre fue Juan Carlos Richards Doyle, nacido en Salto (Pvcia. de Bs. As.) en 1876, cuyos an­te­pasados ga­le­ses fueron con Cromwell a Irlanda pero, al ver la crueldad de és­te contra los católicos, se convirtieron al ca­tolicismo. Al llegar a Buenos Ai­res, Car­los se dedicó a limpiar maqui­na­rias. Luego, ya casado, ad­mi­nistró el mercado de Tal­cahuano y Victoria. Estudió para ejer­cer co­mo procurador y ayu­dó a mu­­chos po­bres. Fue silencioso pero muy activo. Falleció en sep­tiembre de 1961.

Su madre fue Julia María Kehoe Kelly, de familia gaélica. Era el motor de la fa­milia. Llegó a ser Pre­sidente de la Acción Católica de Santa María de Co­ghlan.

Juan Carlos y Julia María, casados en 1905, tuvieron seis hijos: José Eduardo (1907-1978), Joe, abogado, padre de doce hijos, casado con María Elisa Flynn ‘Moira’; María Elisa, Min­nie, estaba a punto de profesar como monja pasionista, pero murió de tuber­culosis a los diecinueve años (1909-1928), hecho que causó gran dolor a nuestro Pe­dro; Juan Enoch, ‘Pedro’, lla­mado Chubby familiarmente; Car­los Julio, Charlie, padre de nueve hijos, casado con María Raquel Maglio, Marie­chen; Luis María (1918-2002), Lulo, casado con Gretchen Enskatt, Tutte, fallecida en 1960, quien le dio seis hijos, y en segundas nupcias con su prima Maureen Dolan Kehoe, con quien tuvo otros tres; Federico, padre pasionista (1921-1999). Esta vida familiar fue para Pedro una fuente de valores y convicciones y un ejemplo de vida.

            Pedro estudió en el Belgrano Day School y fue jugador de rugby en el equipo Cu­ru­paytí. Estando gravemente enfermo, su madre hizo a la Virgen de Luján la promesa de entrar de rodillas al santuario si el niño sanaba; y la cum­plió. Por eso el P. Pedro de­cía que él le de­bía la vida a la Virgen.

Cuando los padres capuchinos genoveses asumieron la parroquia de la Inmacu­lada de Bel­gra­no, se estableció un servicio nocturno de sacerdotes de habla inglesa. La co­munidad pasionista, que solía visitar a las familias irlande­sas, asumió la tarea; el sacerdote que la cum­plía pasaba la noche en casa de los Richards. Esa frecuentación de sa­cerdotes, esa presencia ‘normal’ del sacerdote en la familia, sacerdote amigo, confiden­te y confesor, “me ayudó a despertar la semilla de la voca­ción, que siempre viene de arri­ba” [1]. “Teniendo yo doce años –contaba el Padre– mientras escuchaba a uno de nuestros misioneros en la ‘iglesia redonda’ de Belgrano, sentí el llamado del Señor: ‘La Argen­ti­na necesita sacerdotes’. Si hubiera razonado y me hubiera mirado al espejo, tendría que haberme dicho: ‘¿Cómo tú vas a ser sacerdote si tuviste que cursar dos veces primero infe­rior?’” [2].

Después de un primer intento de noviciado, que debió frustrar por un problema de salud, y después de trabajar como empleado de una oficina, el 2 de enero de 1933, a los veintiún años, entra a la Congregación de los Padres Pasionistas, orden aus­tera. Estudia en Buenos Aires y en Cór­doba, pero cursa la Filosofía en el Semi­nario de Edim­burgo, en Escocia. Tam­bién es­tudiaría seis meses en Lovaina, Bélgica, pero no es­tuvo de acuerdo con las ideas que allí se divulgaban. Fue ordena­do sacerdote el 25 de agos­to de 1940 en el Retiro San Pa­blo de Capitán Sarmiento, cerca de Car­men de Areco, y celebró su primera Misa en la Santa Cruz de Buenos Aires. Du­rante diez años actuó como misio­ne­ro en ciudades y pue­­blos, campos y es­tan­cias, de la Argentina y del Uruguay, pre­di­cando a los peones y puesteros de habla inglesa y a toda persona que se le cruzara; buscaba a los que no llegaban al templo, saliendo a las calles y organizando, en teatros o salones, conferencias especializadas para distintos grupos: varones, jóvenes, matri­mo­nios, etc. Pero más allá del campo, principalmente tra­bajó en las parro­quias que so­li­citaban las “misiones” en la misma Buenos Aires, como el Socorro, la Mer­ced, la Pie­dad, Guadalupe. Las misiones duraban quince días y eran esencialmente ejercicios espirituales abiertos a to­dos. Cada día se iniciaba con una misa, que incluía una pre­di­ca­ción corta centrada en la Pa­sión de Jesús aplicada a la vida diaria; luego un acto de devoción; visitas a enfermos en do­mi­ci­lios y sanatorios. Por la tarde se hacía una reu­nión con chicos, de una hora, atraí­dos por rifas o competen­cias. Al atardecer o después de la cena se reu­nía a adultos para una char­la catequística de un misionero aplicada a la vida práctica; luego un canto, una meditación vin­cu­lada a la Pasión, de unos cua­renta y cinco minutos, predicada sobre un tablado y ante un cru­cifijo de gran impacto vi­sual; una plegaria final como síntesis de la reflexión y un propósito de vida. Además de estas actividades diarias, había conferencias especiales pa­ra amas de casa, para pro­fe­sionales, según las necesidades de la parroquia. Las mi­siones se orientaban a sacudir las conciencias para que luego cada párroco hiciera el se­guimiento.

En 1945, Richards fue nom­brado Rector de la Casa congregacional de la Santa Cruz, en Buenos Aires. Fue uno de los primeros en utilizar proyector con fil­mi­nas para la evangeli­za­ción. Le dio mucho impulso a la actividad evangeli­za­do­ra y pastoral de la Casa; “hizo algo nuevo; era una máquina con más inquie­tud y potencia”, en palabras de su compañero de ordenación y de vida sa­cer­dotal, Am­brosio Geoghegan. Entre otras actividades, el Padre Richards orga­ni­zaba re­tiros para pequeños grupos, en colegios y congregaciones, como las Es­clavas o San Martín de Tours.

En 1948 inicia, por disposición providencial, la pastoral familiar, cen­trada en la for­mación de grupos de matrimonios que, una vez por año, realizan en un retiro de tres días una revisión de su vida personal, conyugal, sacramental y familiar. Luego de algunas actividades, se concretó la fundación del primer grupo del que luego se llamaría Movimiento Familiar Cristiano, el 25 de noviembre de 1948. Dado que en diciembre de ese año Richards cesa como Rector y pasa a ser Con­sul­tor del Provincial hasta 1951, es el P. Provincial Ambrosio Geoghegan quien lo autoriza a dedicarse de lleno a la pas­to­ral familiar en julio de 1949, por expreso pedido de dos de los laicos fundadores del MFC, Saturnino Llorente y Juan Mar­tín Biedma. En 1950 hace la primera publicación apli­cada a los grupos de ma­tri­mo­nios. También se reúnen los sacerdotes asesores de gru­­pos por pri­mera vez. En agosto de 1951 realiza el primer retiro formal en el con­ven­to de las Fran­ciscanas Misio­neras, Arroyo 950, tras predicar dos similares en Uruguay, en diciembre de 1950 y en mayo de 1951. En estos años, el Padre Pedro recorre el país junto con los Llorente.

En 1952 se ‘exilia’ y radica en Montevideo, donde en visitas anteriores había iniciado, como se ha señalado, la misma obra de pastoral familiar comenzada en la Argen­ti­na; se exilió porque algunos cuestionaban su relación con los grupos del Movimiento acusándolo de “pe­tris­mo”, es decir, de sentirse ‘dueño’ de los grupos; empero, mantuvo siempre sus con­tactos y sus visitas a la Argentina, donde seguía siendo asesor del MFC.

Es enton­ces ele­gido Capitular de la congre­ga­ción, por lo cual viaja a Ro­ma y esta­ble­ce contactos con otros movi­mien­tos familiares de Europa y de los EE. UU. A la vez, hace los contactos con los grupos de matrimonios funda­dos en 1949 por el R. P. Juan Berro García SJ en Cór­do­ba y propone la primera reunión ge­ne­ral de “Grupos de Naza­reth”. También un sa­cerdote pau­li­no de Al­berione, de la Orden del Car­de­­nal Ferra­ri, Fran­­cisco Rot­ger, con sede en la calle Maipú al 700, de Bue­nos Aires, había forma­do dos grupos de ma­tri­mo­nios, de acuer­do con las pau­tas de los Foyers de Nôtre Da­me; pero eran grupos de espiritua­li­dad ad intra, no de evangeliza­ción[3], si bien él tenía tam­bién la orientación de mo­dificar el carácter en­­do­cén­trico de los Foyers y tornarlos ‘ha­cia fuera’, por lo que des­pués fun­da­ría el Instituto de Asistencia, Promoción e Investi­ga­ción de la Familia (INA­FIP). Fueron tres labores confluyentes, la de Richards, la de Rotger y la de Berro García.

Junto con los matri­mo­nios uruguayos Soneira, Gallinal y Gelsi ini­ció Richards la expan­sión sudamericana del que se lla­maría Movi­miento Fa­mi­liar Cris­tia­no.

El Con­se­jo Na­cional de Bienestar de los EE. UU. con­­de­cora al P. Pedro por su labor en be­neficio de la familia, en 1953. Dos años después, Richards da con­fe­ren­cias a lai­cos y char­las al clero de Co­lombia, invitado por el Arzobispo de Bo­gotá, Car­de­nal Luque. En el mismo año 1955, el ge­ne­­ral de la Congregación, Pe­dro Mal­colm La­valle, lo exi­me de su respon­sa­bi­lidad co­mo misionero para que se con­sagre al MFC en Améri­ca Latina. A pesar de tanta acti­vi­dad, nunca resignó el estudio y la oración, para los que reservaba ineludiblemente los meses de enero en el Retiro de Capitán Sarmiento.

El Primer En­cuen­tro La­ti­no­americano, que crea el Secre­ta­riado General, lo nom­bra asesor para toda Amé­rica.

En 1957 corre la voz de que el Nuncio iba a proponer al P. Pedro como O­bispo de la nueva diócesis de Villa María, en Córdoba. Entonces un grupo de señoras del Movimiento, encabezadas por Gloria Castaño de De Lafuente, pide audiencia al Nuncio y le explica que si el P. Richards era desig­nado Obispo no podría dedicarse a la pastoral familiar. El Nuncio aco­ge la idea y propone en­tonces a Alberto Deane, C.P., quien sería Obispo de Villa María por veinte a­ños. Cuando el P. Pedro supo lo que habían hecho esas mujeres, se admiró de su au­dacia, complacido por el resultado.

En ese mismo año Richards asiste al Congreso de los Laicos en Roma y recorre casi toda La­ti­no­américa, esta­ble­ciendo el MFC en Ecuador, Bolivia, México y Cuba. En 1960, la Tercera Asam­blea Latinoamericana (AGLA) lo reelige como Asesor. Funda el MFC en A­mé­rica Central. El Vati­cano lo convo­ca a Roma como consultor de la Comisión de Apos­to­la­do de los Laicos, que pre­pa­raba el Concilio Vaticano II, al que asistió junto con los presidentes latinoamericanos del MFC, el matrimonio Álvarez Icaza. Ese mismo año, asiste al Congreso del Fa­mily Life Bureau, en San An­tonio de Texas.

En 1965 participa de la reunión del CICOP en Chicago y en el mes de agosto asiste a la XIV Convención del Christian Family Movement de EE. UU. Ese año funda en Mon­te­vi­deo, con el matrimonio Adolfo y Ana Gelsi, el Cen­tro de Investiga­cio­nes y Es­tudios Fa­mi­lia­res. Dedica el año siguiente a la for­ma­ción de dirigentes, pre­di­cación de retiros y organiza­ción del Instituto de For­ma­ción Familiar, inau­gurado en 1967 con sede en dicho Centro, des­de el cual funda y dirige el Di­ges­to familiar. En 1967 parti­cipa del Congreso de los Lai­cos, asiste a la convención de la Comisión Familiar de la Organi­zación In­ter­na­cio­nal Católica en Roma, a la II Reunión de la Con­fe­­de­ra­ción Interna­cional de Mo­­vimientos Familiares Cris­tia­nos en Madrid y a la VI AGLA en Buenos Ai­res.

En julio de 1968 viaja a Europa para estudiar en el Instituto de Cien­cias Familiares y Sexo­logía de la Universidad de Lovaina, Bélgica, y luego con­cretar unas investigaciones en Alemania y Gran Bretaña. En Ottawa obtiene el título de Licenciado en Ciencias Familiares.

En 1979 funda en Montevideo el Centro Nacional de Planificación Na­tu­ral de la Familia (CE­NA­PLANF) para poner en práctica y difundir la doc­tri­na de la encíclica Hu­ma­nae vitae. Entretanto, con­tinúa su labor de misionero en la campiña uruguaya, junto con jó­ve­nes universitarios, luchando contra la po­breza, el laicismo, el machismo y la baja natali­dad y acompañando la prédica con la atención sanitaria; esta tarea se extenderá por tres dé­ca­das. Desarrolló también la Cris­to-terapia, tomada de la Universi­dad Gonzaga, de Spokane, para la Consejería fa­miliar.

Juan Pablo II lo nombra consultor del Consejo Pontificio para la Fa­milia y exper­to asistente al Sínodo de la Familia de 1980. Al ser publicada la exhor­tación Familiaris con­sortio (1981), Richards difundió su con­­tenido en conferencias dic­tadas en toda His­panoamérica.

            En 1988, al celebrarse en Buenos Aires el cuadragésimo aniversario de la fundación del MFC, Mons. Ogñénovich se refirió al P. Pedro como “Apóstol de la familia”.

Desde 1996, por disposición del Provincial Federico Soneira (h.), re­si­dió en Buenos Aires, en la casa de la Santa Cruz; afirmó que esto le permitió sen­tirse libre para des­arrollar a gusto la pastoral familiar. Presidió diversas ce­lebraciones del Cincuen­te­nario del MFC y, en ocasión de la celebración en Vi­lla Giardino, Córdoba, pronunció su Testamento espi­ri­tual (octubre de 1998), que fue pu­bli­cado por el MFC de Buenos Aires en diciembre de 2001. Con­­ti­nuó recorriendo el país para predicar retiros y conferencias. El 25 de agosto de 2000 se realizó en la Pa­rroquia Santa Cruz la misa en ce­le­bra­ción de sus se­senta años como sacer­dote. El 9 de diciembre de 2001 se le ofreció un home­naje con motivo de sus inminentes noventa años de vida.

El Padre Pedro fue autor de innumerables artículos, publicados en el Di­gesto fami­­liar, en Testi­monio, en Vínculo, Noticias de Comisión Sede y de­más boletines del MFC, y de varios libros, entre ellos Matrimonios en bús­queda de Dios, Madrid, Euramérica, 1965, En el mis­terio de la familia, edito­rial Difusión, 1976. Publicó diversos opúsculos en la edi­to­rial salesiana: ¿Pien­­sas casarte?; ¿Por qué fracasan los matrimonios?; Diez problemas que preo­cu­pan a la familia; ¿Qué haremos por este matrimonio?; Familia, ¿tu futuro?; Educando pa­ra el amor. En 1987 reunió diversos trabajos pu­blicados en el Digesto fami­liar, orga­ni­za­­dos por temas, en el libro Cristi­fi­can­do la familia, Montevideo, 1987.

Su concepto de “espiritualidad matrimonial” fue cuestionado co­mo inapropiado, por­­que entonces se concebía que la ‘espiritualidad’ no era al­go para laicos. El libro en que plan­teó la idea del “Cristo nupcial o Tercero del Matrimonio” no encontró edi­tor en Uruguay. La “Iglesia doméstica” de san Juan Crisóstomo es un modelo central en el carisma del Movimiento que fundó.

El 31 de diciembre de 2001, al ser felicitado por su cumpleaños, de­claró: “Estoy me­di­tando acer­ca de cuántos dones me concedió Dios en estos no­venta años y en qué es­ca­sa medida he res­pondido yo a ellos”.

            En el año 2003 su salud comienza a quebrantarse seriamente a raíz de unos tumores de fa­ringe. Es sometido a diversos tratamientos y sucesivas in­ternaciones. Tras una última visita a la dió­cesis de Mendoza, quedó postrado en silla de ruedas y debió permanecer en la Casa de la Santa Cruz. El 8 de oc­tubre de 2004 es visitado por los presi­dentes nacionales del MFC, Jorge y Lucy Calvo, a quienes da tres men­sajes: “Que to­das la familias del MFC recen el rosario diaria­men­te; que los obstá­cu­los que encuentren sean piedras que como escalones les per­mi­tan ascender hacia Dios; no dejen que se apague la antor­cha del MFC”. Profundamente mariano, regala su rosario a Lucy Calvo. El 12 de octubre fue nue­va­mente in­ter­nado a raíz de un derrame ce­rebral. Aun así, ofrece su dolor por la labor del Movi­miento y la santificación de sus integrantes.

Falleció el 30 de octubre a las 6.30. Se lo veló en la Casa de la Santa Cruz. A las 19 se ofició una misa de cuerpo presente concelebrada por el Pro­vin­cial Federico Soneira, los Padres Ambrosio Geoghegan y Miguel Igans y el Asesor nacional del MFC, Juan Carlos Mein­vielle. Luego de una misa a las 9 de la mañana del 31 de octubre, fue sepultado en el ce­menterio del Retiro San Pablo de Capitán Sarmiento: llevaba la cruz del misionero, su hábito y sanda­lias, el símbolo de los pasionistas y la estola con el logo del MFC, obsequiada en ocasión del cin­cuen­te­nario y que él había confiado al P. Igans. El P. Ber­nar­do Hughes re­dactó una biografía.

            En el diario La Nación aparecieron ocho avisos fúnebres: uno de la Congregación, otro del MFC na­cional, tres de la familia, uno de Gloria Castaño de De Lafuente y familia, u­no de Enriqueta Lawler de Horan y familia y otro del grupo Belén y su asesor José Antonio Ingr. El periódico Cristo hoy de Tucumán publicó un aviso en primera pla­na, una no­ta en p. 4, y una editorial del Pbro. Juan Arnau en p. 20. “Muere un grande” fue el título de la editorial, en la que el P. Arnau señaló que

 

“Así como España dio al mun­do los Cursillos, el Opus, los Neocatecume­nales; Italia, a Comunión y Liberación y a los Focolares; y Mé­xi­co a los Legionarios de Cristo, la Argentina, por la visión y ac­ción del Padre Pe­dro Richards, generó el Mo­vi­mien­to Familiar Cristiano (MFC). Pero lo que convierte al P. Pedro en un vi­sionario es su intuición de que las de­fi­ni­cio­nes cul­tu­ra­les pasan por el esce­na­rio familiar”.

 

Lo comparó al Papa Juan Pablo II no sólo por la pre­o­cu­pación por la pas­to­ral familiar sino también por su incansable prédica me­diante viajes, libros y artículos. El P. Pedro apun­taló así dos Sacramentos, el Matrimonio y el Orden, por cuanto muchos sacerdotes fueron con­te­nidos y alen­tados por los grupos del MFC. La Nación publicó además una nota el 6 de noviem­bre.

El 30 de noviembre se realizó un acto eclesial de homenaje en la pa­rroquia San Mar­tín de Tours, donde se colocó una placa conmemorativa junto a la del cincuentenario del Movimiento y se distribuyó un folleto ilustrativo de la personalidad del P. Pe­dro, al pie de cuya foto se grabó la inscripción “Centinela de la familia”. Concelebraron la Misa el Asesor Nacional, R. P. Juan Carlos Meinvielle, el Ase­sor arquidiocesano, Pbro. Horacio Reyna, el R. P. Ambrosio Geo­ghe­­gan, ami­go del P. Pedro, y el R. P. Gui­llermo Carmona, Asesor del Movimiento Schöns­tatt. Entre los asistentes estuvieron dos fun­dadoras, Martha Fornieles y María Luisa Murtagh, familiares del P. Pedro, eme­fe­cistas y dos novios repre­sen­tantes del Movimiento Fundar.

            En julio de 2007, la Confederación Internacional de Movimientos Fa­mi­liares Cris­­tianos le otorgó post mortem el premio Cardenal Cardjin, en reco­nocimiento de su la­bor en pro de la pastoral familiar.

            El Padre Richards fue intuitivo, vital, incansable, servicial, siempre disponible, aparente­mente duro y estricto pero tierno y compren­sivo a la vez; inteligente, valiente y firme en sus con­vic­ciones, creativo en sus actividades, claro en sus ideas, respetuoso del Magisterio pontificio, visionario renovador y pionero audaz. Aunque en Montevideo y Eu­ro­pa usaba clergy, en la Argentina, durante sus últimos años, vestía la sotana de su Con­gre­gación y resistía el frío con sus sandalias, sin medias; a lo sumo se sobreponía un poncho y, en los últimos tiem­pos, usaba una boina, con la que grabó el último men­saje al MFC. Tres ejes fueron característicos de su vida sacerdotal: el testimonio de espiritualidad; la vida comunitaria y la acción misionera entre las familias. Esos tres ejes se reflejaban en los tres signos que siempre lo acompañan: el corazón, logo de la Congregación Pasionista; la cruz de ébano, símbolo de la misión; la estola bordada con el logo del MFC, es decir, las tinajas y la Cruz, símbolo de su acción en la pastoral familiar.

 

 



[1]Conversación privada con Pablo Cavallero.

[2]Testimonio publicado en la revista Familia cristiana, diciembre 2004, p. 21.

[3] El Padre Roger fue luego trasladado a Chile, donde participó del Encuentro Lati­no­a­me­ricano del MFC en el año 1969. 

 

LUGAR DONDE DESCANSAN LOS RESTOS DEL PADRE PEDRO

Monasterio San Pablo de la Cruz - Capitán Sarmiento - Pcia. de Buenos Aires


Beatriz Donnelly de Richards

                                                Naprotecnología

 El Dr. John Michael Richards, hijo de uno de los 5 hermanos del Padre Pedro, donó al Movimiento Familiar Cristiano en la Argentina, en nombre de toda la familia, los derechos para la reimpresión de los libros de nuestro fundador. 

En ocasión de llevar a su domicilio la nota de agradecimiento y las estampas para pedir gracias que provean a la causa de beatificación del Padre Pedro, me recibe la Sra.  Beatriz Donnelly de Richards que muy agradecida por la visita, me invita a tomar una café y terminamos hablando durante tres horas sobre la vida de su tío político, el Padre Pedro, que visitaba a menudo esa casa, dónde tomaba el té, dónde se sentaba, sobre qué hablaban y por supuesto me mostró fotos de toda la familia Richards, los padres y los 6 hermanos; de los 5 varones Pedro y Federico dedicaron su vida a Dios en la Comunidad Pasionista, los otros tres varones fueron padres de familia muy numerosa y la hermana, fallecida a los 18 años no llegó a ingresar al noviciado.

 El Padre Pedro frecuentaba la familia Donnelly desde que ella era pequeña, muy emocionada relató como el Padre la fue llevando hacia la paternidad responsable, cosa que a ella no le interesaba mucho. Después se casa con John y tienen 9 hijos. Beatriz que es enfermera se aboca de lleno a la Planificación Natural, se va perfeccionando con los años y ahora con su hija Candela, se dedica a la Naprotecnología, es Instructora Creighton Model, (en el Encuentro Nacional 2016 se pasó un video con Candela hablando de Napro).

Da las charlas en su casa, a todo el que lo solicite, los costos se hablan, cuando le pregunté cómo hacía la propaganda, respondió que “del boca a boca”….Me dio sus datos, que adjunto, para quién desee interiorizarse más.

La comprometí para que colaborara con nuestra tarea prioritaria, tal como emanara de la Comisión Directiva Nacional 2016: La planificación natural y la defensa a la vida.

Cuántas cosas importantes que tenemos a nuestro alrededor y no aprovechamos…..

Coqui Delfino. 

Bearichards51@gmail.com

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