¿Cómo Educamos a nuestros hijos? Estilos Parentales.

Setiembre 2019

Conceptos como autoridad, vínculos entre la escuela y la familia, estilos de Parentalidad son algunos términos que actualmente escuchamos y que surgen de las preocupaciones que, como padres tenemos al momento de educar a nuestros hijos.

Pero ¿qué entendemos por autoridad y en especial autoridad parental? La autoridad parental es un efecto personal de la filiación, que consiste en el hecho de ejercer conjuntamente la madre y la padre autoridad sobre los hijos. La profesora María Dolores Dimier de Vicente (Familia y Escuela: La Delegación en la Relación Familia-Centro Educativo), entiende que en la actualidad los padres se sienten incompetentes para llevar adelante su tarea educadora, tendiendo a desligarse de sus responsabilidades.

Es en la familia donde el niño aprende que la vida humana se basa en la interdependencia y cuando no hay interés por parte de los padres de instalar buenas costumbres, la falta de disciplina genera problemas como sostiene Inger Enkvist (Repensar la Educación: pag.21).

Un estudio realizado en Universidad Católica del Uruguay conjuntamente con la Asociación Civil SOMOS (Álvaro Capano, Universidad Católica Del Uruguay Asociación Civil Somos Estilos Parentales, Parentalidad Positiva Y Formación De Padres)  menciona que existen diferentes estilos educativos parentales que representan un conjunto de actitudes hacia los hijos que les son transmitidas y que en su totalidad crean un clima emocional en el cual se expresan las conductas de los padres y siguiendo a diferentes autores propone cuatro estilos parentales: el autoritario, el permisivo, el democrático y el negligente.

Los padres que asumen un estilo democrático ejerciendo la autoridad con afecto, control y exigencia de madurez, tienen hijos con mejor desempeño emocional y de comportamiento. En la adolescencia tienden a mostrar una elevada autoestima y desarrollo moral y social, además de un mejor rendimiento académico y menor conflictiva tanto en la escuela como con sus padres.

Por otro lado, quienes han crecido y vivido en un ambiente negligente, presentan un sin número de problemas académicos, emocionales y conductuales. Son características de estos adolescentes la inseguridad e inestabilidad, la dependencia de los adultos, dificultades para relacionarse con sus pares y tienen baja tolerancia a la frustración. Siguiendo con el análisis los padres que asumen un estilo autoritario en la educación de sus hijos, le dan mayor importancia a la obediencia, asumiendo actitudes que limitan la autonomía de aquellos y provocando que los hijos manifiesten problemas a nivel emocional, baja autoestima y una confianza en sí mismos deteriorada.

Una de las conclusiones a la que se arriba desde la investigación mencionada es que el estilo parental democrático es el más adecuado en el desarrollo de los niños y adolescentes, aunque actualmente hay cierta confusión en muchos padres en relación a la idea de democracia, en relación al lugar que deben asumir y la forma en que deben relacionarse. El autor aclara que cuando se habla de estilo parental democrático en ningún momento se hace referencia al abandono de las exigencias y control, (Palacios, 1999) ni a la falta de la sanción cuando el no cumplimiento de las normas lo requiera. El imaginario social hoy sostiene la idea de que con un estilo parental democrático los niños o adolescentes pueden hacer en sus familias prácticamente lo que quieran.

Es importante que asumamos, como padres católicos y emefecistas, la responsabilidad de educar a nuestros hijos asumiendo un estilo democrático, donde el respeto, la tolerancia y la autoridad basada en la caridad sean el pilar, a semejanza de la Sagrada Familia.

Fuente

Álvaro Capano, Universidad Católica Del Uruguay Asociación Civil Somos Estilos Parentales, Parentalidad Positiva Y Formación De Padres.

Inger Enkvist, Repensar la Educación.

María Dolores Dimier de Vicente, Familia y Escuela: La Delegación en la Relación Familia-Centro Educativo Margarita y Héctor Lana

Presidentes Nacionales, Movimiento Familiar Cristiano de la Argentina


 Junio 2019

Inocencia y libertad tecnológica

Los saludamos Queridos Hermanos del MFC.

Hoy les queremos compartir una pequeña reflexión sobre el uso de las tecnologías, sobre todo de las rede sociales, por parte de nuestros hijos. Howard Gardner expresa que “La irrupción de las nuevas tecnologías nos obliga a educar a los niños de forma distinta” 

Indudablemente esta frase es totalmente cierta y de una vigencia determinante. ¿Qué pensamos los padres cuando vemos a nuestros hijos haciendo uso, y en algunos casos abuso, de la tecnología? Probablemente tendremos varias miradas, desde aquellos que no entienden el cómo pueden estar todo el día conectados, hasta aquellos que se sienten aliviados por no tener que preocuparse en “entretenerlos”.

Lo cierto es que los niños de hoy son esencialmente distintos a los de otras épocas por lo que las familias debemos hacer un esfuerzo para adaptarnos a esta nueva realidad. Y aquí surgen nuevas preguntas ¿cómo hacer para adaptarnos a esta realidad cuando, como adultos, somos “inmigrantes tecnológicos” y muchas de estas “cosas” nos superan? ¿cuánta libertad debemos darles a nuestros hijos o cuanto controlarlos en relación a lo que ven, escuchan o leen en internet? 

García Fernández, (Colegio Irabia. 2006). hace referencia a esta incertidumbre cuando plantea que al comienzo de siglo se veía a las TIC’s como una amenaza y donde se pronosticaban los terribles efectos que produciría su uso; desde no mantener un contacto fluido con la realidad a querer experimentar en la propia vida lo que se ve en las redes. Aunque, de igual, forma considera que en el extremo opuesto podemos encontrar a aquellos que consideran a las herramientas tecnológicas como la solución a todos los problemas habidos y por haber del ser humano entre ellos la forma de mantener ocupados a los hijos.

 Pero independientemente de la postura sobre la que nos quedemos, como padres es necesario centrar la atención en la enseñanza crítica de los niños y jóvenes con respecto a la forma de abordar las NTIC’s.  Mostrarles que el uso inadecuado de las mismas puede acarrear consecuencias para él o para otros es esencialmente prioritario en cualquier edad. 

Quizás donde más debamos trabajar y prestar atención es en los más chicos de la casa, aquellos que aún no tienen la capacidad de discernir entre lo que está bien o mal, en estos casos, a los dichos de Fernández, hay que hacerlo con “cariñosa exigencia” marcando tiempos de exposición frente a las pantallas, tipos de programas o juegos que pueden ver. Con los mayores se sugiere una vigilancia controlada, atenta y de acompañamiento que permita generar vínculos y no generar barreras.

La clave, en la resolución de estas incertidumbres, reside en la forma de proceder como responsables directos de la educación de nuestros hijos, ya no solo tenemos la obligación de brindar una educación integral desde lo formal, o garantizar la satisfacción de las necesidades básicas que aquellos tengan, por lo que extendemos nuestros horarios de trabajo, sino que requiere involucrarnos activamente en estos procesos de socialización virtual que experimentan como natural y procurar organizar también espacios virtuales con ellos que permitan incrementar los momentos que se comparten en el día. 

La actitud a asumir, como padres, debe partir del diálogo familiar, desde cualquier forma posible, pero que sea lo suficientemente expresiva para que el niño o el joven entienda cuál es la conducta que se espera de él en relación al uso de los recursos tecnológicos, evitando en lo posible que el “diálogo” sea unidireccional donde el adulto imponga las condiciones y el niño o adolescente solo obedezca.

En conclusión, algunos de los desafíos que hoy nos proponen las nuevas tecnologías es el de saber cómo abordar la compleja decisión en relación a al grado de libertad a otorgar para que hagan de ellas un adecuado manejo y el repensar como controlar su uso, especialmente a los adolescentes, sin que ello sea asumido como una intromisión en sus vidas privadas. 

Indudablemente esto requerirá por parte de los adultos de un apropiado conocimiento de Internet y sus recursos, ya que eso le permitirá marcar pautas de comportamiento.

Nos encontraremos en el próximo boletín y aprovechamos para saludarlos con un afectuoso abrazo a la distancia.

 

Margarita y Héctor Lana, Presidentes Nacionales MFC en la Argentina

 

 

Fuentes consultadas

Aguirre, María Elena y otros, Impacto de las tecnologías en nuestros hijos, Instituto de Ciencias de la Familia, 2013.

García Fernández, Fernando, ¿Nuevos niños, nueva educación?, Colegio Irabia, 2006.

 

Bringué, Xavier y Sádaba, Charo, Nacidos Digitales: una generación frente a las pantallas, Instituto de Ciencias para la Familia.


LA FAMILIA, EL ESTADO Y EL BIEN COMÚN

Para Santo Tomás de Aquino, toda vida agrupada está dirigida por la noción del “bien común”, siendo este el fin de las personas que viven en comunidad. En este sentido la noción de bien común tiene su base en el saber político de la antigua filosofía griega y que fue transmitida al mundo occidental como un fin último siendo de orden distinto y más elevado que el bien individual, tal como afirma Jose Pieper¹, podemos encontrar aquí una doble relación: el individuo que pude reclamar lo que le es debido y el todo social que es la obligada.

Por lo tanto, el bien común está definido por aquellos bienes en los que deben y pueden participar los ciudadanos, a los que Hugo Verdera denomina “bienes de la sociedad” y que presentan la característica de beneficiar a todos, diferenciándolos de los bienes particulares en tanto que estos benefician a solo una persona o conjunto de ellas, pero que no incluyen a todos. 

Ricardo Yepes, refiriéndose a esos bienes que constituyen la vida buena, plantea que corresponde al conjunto de la sociedad y no solo a cada individuo conseguirlos.

Pero de todas formas es importante resaltar, en relación a la controversia bien común – bien particular, que no debería existir oposición entre ambos, si bien hay superioridad de unos sobre el otro, esto solo se debe a que el primero beneficia a mayor número de personas planteando esto una relación jerárquica pero no de exclusión.

El Santo Padre Francisco nos habla de que el bien común presupone el respeto a la persona humana y reclama para ello, entre otras cosas, el bienestar social y la paz social, sosteniendo que es el Estado de manera especial quien tiene la obligación de defenderlos y promoverlos.

Siguiendo esta línea del Santo Padre, Pieper plantea la necesidad de un soberano o gobernante, que represente el todo social, como administrador del bien común obligado a darles a las personas todo lo que les corresponda, a esta acción del soberano el autor le llama Justicia Distributiva.

Necesariamente esta acción distributiva de bienes le corresponde de forma indeclinable al Estado quien tendrá la responsabilidad de administrar y preservar el “bien común” para lo cual posee el poder necesario para tomar las decisiones que crea conveniente incluso a aquellas que impliquen limitar los derechos individuales de las personas. Pieper habla de potestad de coerción.

Pero ¿esta superioridad del bien común sobre el individual garantizado aún con la coerción del poder soberano, no implica verdaderamente una contradicción entre el fin último del bien común y el potencial resultado que puede ser la revocabilidad de los derechos individuales de las personas?

Debemos responder que no. Josef Pieper dice que el individuo tiene derechos irrevocables a que sea justa la distribución de bienes y cargas, aunque si esto no ocurre, es decir el Estado con sus acciones no garantiza la Justicia Distributiva estará frente a lo que denomina “injusticia” y para evitar esto se necesitará de gobernantes justos.

En conclusión, la importancia del bien común radica en los efectos que provoca en el entramado social, buscando lograr equidad en la satisfacción de los intereses individuales con los sociales y el rol que en esto tiene el poder político como responsable de la justa distribución de los bienes para la vida buena.

Los saludamos afectuosamente en el amparo de la Sagrada Familia y pedimos por medio de la intersección del Padre Pedro, por Uds. y sus familias.

 

Margarita y Héctor Lana

Presidentes Nacionales, Movimiento Familiar Cristiano de la Argentina

 

 

Fuente:

Yepes Stork, R (1996) Fundamentos de antropología. Pamplona. Edición Eunsa. Capitulos 9 y 10.

Pieper, Josef (2003) Las virtudes fundamentales. Madrid. Edición Rialp. Capitulo: Justicia, Apartado VI. La justicia del Gobernante.

 

Guareschi, Predinho Arcides (2008) “El misterio de la Comunidad”, Enfoques Conceptuales y técnicos en Psicología comunitaria. Buenos Aires, Paidos.


¿COMO EDUCAMOS A NUESTROS HIJOS?

ANIMEMONOS A SER EJEMPLO DE NUESTROS HIJOS

La gran preocupación que hoy tenemos como padres y como sociedad en general es el futuro tan incierto de nuestros jóvenes.  Las drogas, la violencia, la falta de compromiso con un proyecto de vida real, son algunas de las realidades que transitan por las cabecitas de ellos.

En la última reunión de Junta Nacional de Pastoral Familiar, que se realizó en Bs. As. Los días 24 y 25 de febrero,  Se planteó el tema de cómo salir al encuentro de los jóvenes desde su realidad, allí se dijo que hay que acogerlos tal cuál como son, ser empáticos con ellos, pero nosotros nos preguntamos ¿con eso basta? ¿es la forma de procurar en ellos un buen proyecto de vida?

El profesor Díaz, J, en un artículo de la publicación “Esperanza para la Familia”, sostiene que  si los padres queremos una generación de hijos estables, con principios y de beneficios para la sociedad es importante que cumplamos con cuatro ejes fundamentales: el amor, la disciplina, la instrucción y el ejemplo.

Siguiendo a Roy Lessin compara estos cuatro ejes con las cuatro patas de una mesa, y dice que si alguna de ellas es más corta o no existe la mesa no podrá cumplir con su fin ya que no tendrá estabilidad.

Pero  como padres debemos entender que el amor se debe sostener desde la disciplina, el amor sin disciplina genera hijos caprichosos, egoístas, “berrichudos”, y de igual forma  la disciplina sin amor produce hijos lastimados, heridos, con frustraciones y resentimientos hacia los  padres; siempre debe existir un balance entre ambos.

Este equilibrio también se debe procurar  en los otros dos ejes, la instrucción adecuada de los padres a hacia los hijos sin el ejemplo coherente con la educación que se les está dando carecerá de toda fuerza. Lessin sostiene, por otra parte, que un padre que da buenos ejemplos  pero no instruye, no da argumentos,  tampoco podrá generar una educación fuerte en valores.

Estos son los cuatro fundamentos indispensables para la formación de nuestros hijos, de no existir alguno de ellos, se genera una educación deficiente.

Por eso es importante volver a la pregunta inicial ¿cómo educamos a nuestros hijos? Y debemos responderla pensando en la importancia del ejemplo, teniendo presente que nuestros hijos nos están mirando a cada instante, “observan como nos comportamos, como actuamos en diferentes circunstancias, cuáles son nuestros principios, etc”.

El ejemplo puede generar dos consecuencias: destrucción o edificación, y eso depende de nosotros como padres. Cuando son pequeños nos imitan: la forma de hablar, las posturas; pero cuando ingresan a la adolescencia comienzan a desarrollar su “juicio crítico”, ya no nos imitan como antes, es más, analizan lo que decimos y hacemos ya  comienzan a cuestionar nuestras decisiones. Por ello debemos aprovechar los primeros años de vida para formar aquellos valores, principios, hábitos y carácter que serán de gran peso para el resto de la vida de nuestros hijos.

Queremos finalizar esta reflexión haciendo nuestra   la idea que plantea la publicación antes referida  “ ser un ejemplo implica autonegación” y nos propone que leamos el Evangelio de Mateo 16:25  “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”. Jesús nos llama a seguirlo,  imitando  su ejemplo. El nos enseño el camino correcto, con la PALABRA SANTA, pero también, y quizás lo más importante, con su ejemplo de amor, servicio y perdón.

Animémonos como padres a ser EJEMPLO DE NUESTROS HIJOS, sostenidos en el amor, la disciplina y la educación

Margarita y Héctor Lana, Presidentes Nacionales, 

Movimiento Familiar Cristiano de la Argentina


 MFC comprometido con la Pastoral Familiar

 

Queridos Emefecistas 

Lo días 24 y 25 de febrero participamos como Movimiento de Familia con reconocimiento nacional, de la Junta Nacional de Pastoral Familiar, Niñez y Adolescencia y Adultos Mayores que se realizó  en San Miguel, provincia de Buenos Aires.

Se abordó principalmente el cambio de paradigma que propone la Iglesia en cuanto al acompañamiento de nuestros jóvenes, proponiendo una Iglesia en salida, que va al encuentro de los más necesitados desde su realidad.

Pudimos  a lo largo de las dos jornadas compartir junto a otros movimientos de familia y referentes diocesanos de Pastoral Familiar  charlas que abordaron temáticas relacionadas a la realidad del joven de hoy. S e trabajó en talleres sobre cuál es el rol que nos cabe como movimientos de familia en este camino de encuentro con ellos a la luz de la exhortación “Amoris Laetitia” y como preparación al próximo Sínodo que prepara la Iglesia “ Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

El Papa Francisco nos llama a ser Iglesia en salida… propongámonos ser un “Movimiento en Salida” donde nuestra mirada esté puesta en la familia como centro y base de los valores cristianos de nuestros niños y adolescentes”

Margarita y Héctor Lana, Presidentes Nacionales

MFC en la Argentina


La misión de los Matrimonios Sacramentados en el magisterio de la Iglesia

Durante muchos siglos, la espiritualidad del laico no fue reconocida como algo propio, como algo inherente a su identidad de laico, sino que se buscaba una manera de imitar la espiritualidad de otra vocación.

No es sino a mediados del siglo XIX y específicamente con la declaración oficial del Concilio Vaticano II, cuando se  distinguen con claridad los rasgos de una auténtica espiritualidad laical.

En “El testimonio de la Vida” ( Apostolado del Testimonio), Cristo proclamó el Reino del Padre, no sólo a través de la jerarquía, que enseña en su nombre, sino también por medio de los laicos a quienes constituye en testigos y les ilumina con el sentido de la fe y la gracia de la palabra, para que la virtud del Evangelio brille en la vida cotidiana, familiar y social.

Este mensaje de Cristo adquiere una nota específica y una peculiar eficacia por el hecho de que se realiza dentro de las comunes condiciones de la vida en el mundo. En este quehacer es de gran valor aquel estado de vida que está santificado por un especial sacramento, es decir la vida matrimonial y familiar.

Los laicos y en mayor grado aquellos que poseen el Sacramento del Matrimonio, pueden y deben realizar una “acción preciosa” en orden a la evangelización del mundo; conviene que todos cooperen en la dilatación e incremento del Reino del mundo.

La concepción cristiana del matrimonio y de la familia se nutre de la revelación de la Palabra de Dios sobre el amor cristiano. Dios confía también al hombre y a la mujer la continuidad de la obra creadora.

El Concilio Vaticano II, siguiendo las directrices de la Sagrada Escritura y la Tradición Magisterial, proclama la dignidad de la familia cristiana, la Iglesia doméstica es el lugar donde los padres enseñan a sus hijos, desde los primeros años, a sentir y adorar a Dios y a amar al prójimo conforme a la fe recibida en el bautismo. Por tal motivo, no es al estado, ni a los sacerdotes a quienes corresponde esta misión. El Papa Pablo VI habla de la acción evangelizadora de la familia en la exhortación apostólica "Evangelii Nuntiandi": “en virtud del sacramento del matrimonio, toda la vida de la pareja cristiana está llamada a ser un Evangelio vivido y testificado, una evangelización creíble y eficaz, que brote de su particular carisma en medio del Pueblo de Dios.

La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano al tratar el tema de "la evangelización en el presente y en el futuro de América Latina" reconoce, con el Concilio Vaticano II, que la familia como célula básica de la sociedad y principio de vida, es la primera educadora de la sociedad y principio de vida, es la primera educadora de los hijos. Por esta misión de formadora de personas, los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos y esto hace parte esencial de su misión conyugal en Iglesia doméstica.  

Por eso el Concilio Vaticano II sitúa en el nivel familiar la misión testimonial, que incluye la misión de anunciar la buena noticia de la salvación de Cristo y hacerla presente para ellos, para  sus hijos y para la sociedad.

Como Emefecistas estamos llamados a esta misión, misión que sólo podremos llevar adelante con la gracia del Señor y el amparo de la Sagrada Familia de Nasaret.

Bendiciones para todos nuestros queridos Hermanos Emefecistas y recen por nosotros y toda la CDN.

 

Margarita y Héctor Lana

Presidentes Nacionales (MFC en la Argentina)

Fuente: Concilio Vaticano II / Recopilación varias.