La misión de los Matrimonios Sacramentados en el magisterio de la Iglesia

Durante muchos siglos, la espiritualidad del laico no fue reconocida como algo propio, como algo inherente a su identidad de laico, sino que se buscaba una manera de imitar la espiritualidad de otra vocación.

No es sino a mediados del siglo XIX y específicamente con la declaración oficial del Concilio Vaticano II, cuando se  distinguen con claridad los rasgos de una auténtica espiritualidad laical.

En “El testimonio de la Vida” ( Apostolado del Testimonio), Cristo proclamó el Reino del Padre, no sólo a través de la jerarquía, que enseña en su nombre, sino también por medio de los laicos a quienes constituye en testigos y les ilumina con el sentido de la fe y la gracia de la palabra, para que la virtud del Evangelio brille en la vida cotidiana, familiar y social.

Este mensaje de Cristo adquiere una nota específica y una peculiar eficacia por el hecho de que se realiza dentro de las comunes condiciones de la vida en el mundo. En este quehacer es de gran valor aquel estado de vida que está santificado por un especial sacramento, es decir la vida matrimonial y familiar.

Los laicos y en mayor grado aquellos que poseen el Sacramento del Matrimonio, pueden y deben realizar una “acción preciosa” en orden a la evangelización del mundo; conviene que todos cooperen en la dilatación e incremento del Reino del mundo.

La concepción cristiana del matrimonio y de la familia se nutre de la revelación de la Palabra de Dios sobre el amor cristiano. Dios confía también al hombre y a la mujer la continuidad de la obra creadora.

El Concilio Vaticano II, siguiendo las directrices de la Sagrada Escritura y la Tradición Magisterial, proclama la dignidad de la familia cristiana, la Iglesia doméstica es el lugar donde los padres enseñan a sus hijos, desde los primeros años, a sentir y adorar a Dios y a amar al prójimo conforme a la fe recibida en el bautismo. Por tal motivo, no es al estado, ni a los sacerdotes a quienes corresponde esta misión. El Papa Pablo VI habla de la acción evangelizadora de la familia en la exhortación apostólica "Evangelii Nuntiandi": “en virtud del sacramento del matrimonio, toda la vida de la pareja cristiana está llamada a ser un Evangelio vivido y testificado, una evangelización creíble y eficaz, que brote de su particular carisma en medio del Pueblo de Dios.

La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano al tratar el tema de "la evangelización en el presente y en el futuro de América Latina" reconoce, con el Concilio Vaticano II, que la familia como célula básica de la sociedad y principio de vida, es la primera educadora de la sociedad y principio de vida, es la primera educadora de los hijos. Por esta misión de formadora de personas, los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos y esto hace parte esencial de su misión conyugal en Iglesia doméstica.  

Por eso el Concilio Vaticano II sitúa en el nivel familiar la misión testimonial, que incluye la misión de anunciar la buena noticia de la salvación de Cristo y hacerla presente para ellos, para  sus hijos y para la sociedad.

Como Emefecistas estamos llamados a esta misión, misión que sólo podremos llevar adelante con la gracia del Señor y el amparo de la Sagrada Familia de Nasaret.

Bendiciones para todos nuestros queridos Hermanos Emefecistas y recen por nosotros y toda la CDN.

 

Margarita y Héctor Lana

Presidentes Nacionales (MFC en la Argentina)

Fuente: Concilio Vaticano II / Recopilación varias.