¿COMO EDUCAMOS A NUESTROS HIJOS?

ANIMEMONOS A SER EJEMPLO DE NUESTROS HIJOS

La gran preocupación que hoy tenemos como padres y como sociedad en general es el futuro tan incierto de nuestros jóvenes.  Las drogas, la violencia, la falta de compromiso con un proyecto de vida real, son algunas de las realidades que transitan por las cabecitas de ellos.

En la última reunión de Junta Nacional de Pastoral Familiar, que se realizó en Bs. As. Los días 24 y 25 de febrero,  Se planteó el tema de cómo salir al encuentro de los jóvenes desde su realidad, allí se dijo que hay que acogerlos tal cuál como son, ser empáticos con ellos, pero nosotros nos preguntamos ¿con eso basta? ¿es la forma de procurar en ellos un buen proyecto de vida?

El profesor Díaz, J, en un artículo de la publicación “Esperanza para la Familia”, sostiene que  si los padres queremos una generación de hijos estables, con principios y de beneficios para la sociedad es importante que cumplamos con cuatro ejes fundamentales: el amor, la disciplina, la instrucción y el ejemplo.

Siguiendo a Roy Lessin compara estos cuatro ejes con las cuatro patas de una mesa, y dice que si alguna de ellas es más corta o no existe la mesa no podrá cumplir con su fin ya que no tendrá estabilidad.

Pero  como padres debemos entender que el amor se debe sostener desde la disciplina, el amor sin disciplina genera hijos caprichosos, egoístas, “berrichudos”, y de igual forma  la disciplina sin amor produce hijos lastimados, heridos, con frustraciones y resentimientos hacia los  padres; siempre debe existir un balance entre ambos.

Este equilibrio también se debe procurar  en los otros dos ejes, la instrucción adecuada de los padres a hacia los hijos sin el ejemplo coherente con la educación que se les está dando carecerá de toda fuerza. Lessin sostiene, por otra parte, que un padre que da buenos ejemplos  pero no instruye, no da argumentos,  tampoco podrá generar una educación fuerte en valores.

Estos son los cuatro fundamentos indispensables para la formación de nuestros hijos, de no existir alguno de ellos, se genera una educación deficiente.

Por eso es importante volver a la pregunta inicial ¿cómo educamos a nuestros hijos? Y debemos responderla pensando en la importancia del ejemplo, teniendo presente que nuestros hijos nos están mirando a cada instante, “observan como nos comportamos, como actuamos en diferentes circunstancias, cuáles son nuestros principios, etc”.

El ejemplo puede generar dos consecuencias: destrucción o edificación, y eso depende de nosotros como padres. Cuando son pequeños nos imitan: la forma de hablar, las posturas; pero cuando ingresan a la adolescencia comienzan a desarrollar su “juicio crítico”, ya no nos imitan como antes, es más, analizan lo que decimos y hacemos ya  comienzan a cuestionar nuestras decisiones. Por ello debemos aprovechar los primeros años de vida para formar aquellos valores, principios, hábitos y carácter que serán de gran peso para el resto de la vida de nuestros hijos.

Queremos finalizar esta reflexión haciendo nuestra   la idea que plantea la publicación antes referida  “ ser un ejemplo implica autonegación” y nos propone que leamos el Evangelio de Mateo 16:25  “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”. Jesús nos llama a seguirlo,  imitando  su ejemplo. El nos enseño el camino correcto, con la PALABRA SANTA, pero también, y quizás lo más importante, con su ejemplo de amor, servicio y perdón.

Animémonos como padres a ser EJEMPLO DE NUESTROS HIJOS, sostenidos en el amor, la disciplina y la educación

Margarita y Héctor Lana, Presidentes Nacionales, 

Movimiento Familiar Cristiano de la Argentina


 MFC comprometido con la Pastoral Familiar

 

Queridos Emefecistas 

Lo días 24 y 25 de febrero participamos como Movimiento de Familia con reconocimiento nacional, de la Junta Nacional de Pastoral Familiar, Niñez y Adolescencia y Adultos Mayores que se realizó  en San Miguel, provincia de Buenos Aires.

Se abordó principalmente el cambio de paradigma que propone la Iglesia en cuanto al acompañamiento de nuestros jóvenes, proponiendo una Iglesia en salida, que va al encuentro de los más necesitados desde su realidad.

Pudimos  a lo largo de las dos jornadas compartir junto a otros movimientos de familia y referentes diocesanos de Pastoral Familiar  charlas que abordaron temáticas relacionadas a la realidad del joven de hoy. S e trabajó en talleres sobre cuál es el rol que nos cabe como movimientos de familia en este camino de encuentro con ellos a la luz de la exhortación “Amoris Laetitia” y como preparación al próximo Sínodo que prepara la Iglesia “ Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

El Papa Francisco nos llama a ser Iglesia en salida… propongámonos ser un “Movimiento en Salida” donde nuestra mirada esté puesta en la familia como centro y base de los valores cristianos de nuestros niños y adolescentes”

Margarita y Héctor Lana, Presidentes Nacionales

MFC en la Argentina


La misión de los Matrimonios Sacramentados en el magisterio de la Iglesia

Durante muchos siglos, la espiritualidad del laico no fue reconocida como algo propio, como algo inherente a su identidad de laico, sino que se buscaba una manera de imitar la espiritualidad de otra vocación.

No es sino a mediados del siglo XIX y específicamente con la declaración oficial del Concilio Vaticano II, cuando se  distinguen con claridad los rasgos de una auténtica espiritualidad laical.

En “El testimonio de la Vida” ( Apostolado del Testimonio), Cristo proclamó el Reino del Padre, no sólo a través de la jerarquía, que enseña en su nombre, sino también por medio de los laicos a quienes constituye en testigos y les ilumina con el sentido de la fe y la gracia de la palabra, para que la virtud del Evangelio brille en la vida cotidiana, familiar y social.

Este mensaje de Cristo adquiere una nota específica y una peculiar eficacia por el hecho de que se realiza dentro de las comunes condiciones de la vida en el mundo. En este quehacer es de gran valor aquel estado de vida que está santificado por un especial sacramento, es decir la vida matrimonial y familiar.

Los laicos y en mayor grado aquellos que poseen el Sacramento del Matrimonio, pueden y deben realizar una “acción preciosa” en orden a la evangelización del mundo; conviene que todos cooperen en la dilatación e incremento del Reino del mundo.

La concepción cristiana del matrimonio y de la familia se nutre de la revelación de la Palabra de Dios sobre el amor cristiano. Dios confía también al hombre y a la mujer la continuidad de la obra creadora.

El Concilio Vaticano II, siguiendo las directrices de la Sagrada Escritura y la Tradición Magisterial, proclama la dignidad de la familia cristiana, la Iglesia doméstica es el lugar donde los padres enseñan a sus hijos, desde los primeros años, a sentir y adorar a Dios y a amar al prójimo conforme a la fe recibida en el bautismo. Por tal motivo, no es al estado, ni a los sacerdotes a quienes corresponde esta misión. El Papa Pablo VI habla de la acción evangelizadora de la familia en la exhortación apostólica "Evangelii Nuntiandi": “en virtud del sacramento del matrimonio, toda la vida de la pareja cristiana está llamada a ser un Evangelio vivido y testificado, una evangelización creíble y eficaz, que brote de su particular carisma en medio del Pueblo de Dios.

La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano al tratar el tema de "la evangelización en el presente y en el futuro de América Latina" reconoce, con el Concilio Vaticano II, que la familia como célula básica de la sociedad y principio de vida, es la primera educadora de la sociedad y principio de vida, es la primera educadora de los hijos. Por esta misión de formadora de personas, los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos y esto hace parte esencial de su misión conyugal en Iglesia doméstica.  

Por eso el Concilio Vaticano II sitúa en el nivel familiar la misión testimonial, que incluye la misión de anunciar la buena noticia de la salvación de Cristo y hacerla presente para ellos, para  sus hijos y para la sociedad.

Como Emefecistas estamos llamados a esta misión, misión que sólo podremos llevar adelante con la gracia del Señor y el amparo de la Sagrada Familia de Nasaret.

Bendiciones para todos nuestros queridos Hermanos Emefecistas y recen por nosotros y toda la CDN.

 

Margarita y Héctor Lana

Presidentes Nacionales (MFC en la Argentina)

Fuente: Concilio Vaticano II / Recopilación varias.