Columna del Pbro. Juan Carlos Meinvielle sobre Matrimonio y Familia

Pbro. Juan Carlos Meinvielle

  • Profesor en Filosofía y Pedagogía.
  • Doctor en Teología Moral y Derecho Canónico. 
  • Ex Asesor Arquidiocesano y nacional del MFC. del 1991 al 2003.
  • Ex Juez del Tribunal Eclesiástico Nacional. 
  • Ex Profesor de la UCA y de los Seminarios de Morón, Paraná, Resistencia,  ISET y Seminario Catequístico María Auxiliadora.

EL TEMOR DE DIOS

Uno de los dones del Espíritu Santo es "el temor de Dios". ¿Hay que tenerle miedo a Dios? No. Se trata de un temor de ofender a Dios o de perderlo. Por tanto es más bien, miedo a nosotros mismos, que a Dios. Pero cuando dice que el temor de Dios es el inicio de la sabiduría, se refiere a esa especie de vértigo o escalofrío que se siente ante lo imponente y trascendente, como ante una puesta de sol o un paisaje de montaña insuperable. Es como un arrobamiento contemplativo. Por lo demás: mi miedo, ni culpa, ni carga ni peso.Dios sólo inspira amor y amistad. Hay que liberarse de "culpas". Si por culpa entendemos el pecado, de nuestras culpas nos arrepentimos y las olvidamos. No hay que estar recordando siempre con temor y culpa, las faltas. Pero si entendemos el sentimiento de culpabilidad, eso es sólo algo psicológico, que no viene de Dios. No es un sentimiento cristiano. Hay que liberarse de él, que sólo provoca obsesiones y neurosis.


DIOS QUIERE NUESTRO BIEN

Dios quiere siempre nuestro bien. Él sabe lo que necesitamos. Dios no manda las enfermedades y las desgracias.

El mal físico, está en la naturaleza y el mal moral, es el que hacemos nosotros. No lo manda Dios, pero tampoco se apura en quitarlo, para que nos sirva de lección.

Eso es lo que tenemos que aprender a discernir: qué quiere enseñarnos Dios, cuando nos hace esperar, para concedernos algo que le pedimos. En definitiva, resulta siempre para bien nuestro. Este discernimiento se llama LA CONTEMPLACIÓN DE DIOS EN LA HISTORIA..

SOPLO DE VIDA
Los Apóstoles: Están reunidos, pero con las puertas cerradas por miedo. Jesús se manifiesta en medio de ellos. 

Jesús dice: Reciban la paz. Como mi Padre me envió, así Yo los envío a Uds. Sopló. Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados o retenidos a los que Uds. perdonen o retengan.

¿Qué pasa?: Se llenan de fuerza. Se abren las puertas. Comienzan a predicar, a curar y hacer milagros, a perdonar pecados, a llevan la paz para vivir en comunidad

Así nació la iglesia y así debe seguir siempre. Reunidos. Con la fuerza del Espíritu. Anunciando a Jesús, perdonando, llevando la paz.

Cuando Dios creó al hombre, sopló en la nariz del muñeco de barro que había formado y le dio vida. Jesús sopla sobre el cuerpo del barro de los hombres de Iglesia y les da vida. Es la nueva creación. El Espíritu da vida a la Iglesia, a los cristianos.

Cuando estamos con miedo o cansados de caminar o subir por una cuesta, vamos soplando con fuerza por la nariz y por la boca, para darnos fuerza o valor. El Espíritu Santo nos da fortaleza y quita nuestros miedos.

Para vivir unidos en paz, necesitaos estar en comunidad y perdonarnos.

¿La Iglesia puede perdonar o retener los pecados, cuando quiera? Es una forma de decir que tiene el poder de “atar y desatar”, es decir pleno poder respecto al perdón de los pecados. Se refiere al Sacramento de la Reconciliación. La “Confesión“, no es la única forma de perdonar los pecados, pero es el “sacramento del perdón”. Cuando nos arrepentimos Dios perdona siempre. ¿Para comulgar hay que confesarse todas las veces? Solamente si tenemos un pecado grave, si no, no. De todos modos cuando queremos comulgar y no tuvimos oportunidad de confesarnos, podemos comulgar y mencionarlo en la confesión siguiente (Ver Código Canónico, canon 916).

NO HAY FAMILIA SIN PERDON

 

Los seres humanos, para desarrollarnos y crecer como personas, necesitamos de relaciones interpersonales sanas y de grupos o comunidades. 

La primera comunidad dada por la naturaleza misma, es la familia.

Dios también es FAMILIA, Padre, Hijo y Espíritu de amor comunicado entre ambos. Ese Espíritu, es infundido por el Padre, en todos los hermanos de su Hijo, que somos nosotros.

Por ser tres personas, en Dios, cada persona es un DON para las demás. Así también para nosotros y nosotros con los demás.

No puede haber familia ni comunidad sana, sin autodanación de cada uno para los demás. 

A todos no gusta recibir regalos. Pero el primer regalo es la persona MISMA QUE SE CONVIERTE EN UN DON PARA LOS OTROS.

La autodonación, es indispensable para que haya familia y comunidad, incluso Iglesia. Lo mismo una sociedad civil, sin grietas ni peleas.

Pero no basta con el DON, es necesario el "PER-DON. Sin Perdón no se construye na familia, ni tampoco una comunidad, ni una nación.

La familia que reza unida, permaneces unida. No ir nunca a dormir, sin un beso de paz, al ser querido.

(Meditar y orar con Mt. 18, 21.35).



Los Evangelios primero se vivieron y después se leyeron.
Cuando Jesús e fue al cielo y le pasó su misión a la iglesia, le prometió el Espíritu Santo. Esta fue la iglesia de los Hechos de los Apóstoles, que recibió la fuerza y la luz del Espíritu para recordar y vivir todo lo que Jesús había enseñando. Entonces, lo fue comenzando a escribir.Así nacieron los Evangelios para predicar la Palabra. Por eso la Palabra es "espíritu", "soplo de vida". Esa enorme experiencia de Espíritu Santo, que fue haciendo la primera Iglesia, que no debería haberse perdido nunca, ni nunca haberla cambiado por estructuras de poder, es la que hoy debe renovar el mundo.


vocaciones sacerdotales

El próximo 7 de mayo, Domingo del Buen Pastor, se celebra la 54ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales, Religiosas y de Vida Consagrada, para la cual el Santo Padre envió anticipadamente el mensaje “Empujados por el Espíritu para la misión” para que se pueda preparar dicha Jornada con suficiente antelación. 
En el mensaje el papa Francisco nos dice “Quisiera centrarme este año en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio, movido por la caridad”.
Y también el Santo Padre nos hace un pedido: “Pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios”.



UN POZO DE AGUA VIVA Y UNA MUJER QUE TIENE SED DE DIOS

Hasta hace menos de dos siglos, la gente no tenía agua corriente. Levantaban sus ciudades a la orilla de los ríos o cavaban pozos y aljibes para sacar agua. Las mujeres iban al pozo con un cántaro. Los pueblos más adelantados, como los romanos, construían acueductos.

Jesús sentado al borde del pozo de Jacob en Samaria, dialoga con la mujer samaritana y le dice ante su asombro que Él le puede dar un agua viva que brota de su propio interior, sin extinguirse.

La mujer tiene sed, sed de amor, sed de afecto, de atención. “Llama a tu marido” –le dice Jesús. “No tengo marido” –responde la mujer. “Es cierto, tuviste cinco y el que tenés ahora, no es el tuyo”. “Veo que sos un profeta – dice ella- ¿Adónde debemos ir a adorar a Dios?”. “Para adorar a Dios, no hay que ir a ningún lado. A Dios hay que adorarlo en espíritu y en verdad”. Es como decirle Dios está dentro tuyo. Es un agua viva que brota de tu interior, hasta la vida eterna.

Al que tiene sed de Dios, Jesús le enseña a encontrarlo. Muchas veces la Biblia, tanto Antiguo como Nuevo Testamento, compara la vida espiritual con un matrimonio. Hay que vivir la vida cristiana como una verdadera unión de amor con Dios. Sin falsos marimonos ni adulterios. Fácilmente nos hacemos matrimonios con las cosas y nos alejamos del único Esposo que nos ama y realmente puede hacernos felices.

Lo que pasa es que hoy, el matrimonio está en crisis. No todos saben hacer de su vida matrimonial, una convivencia de amor y fidelidad. Tampoco lo sabemos encontrar a Dios y vivir con Él. Buscamos falsos matrimonios con falsos dioses que calmen nuestros deseos de poseer cosas y de hacer lo que a nosotros nos conviene.

El matrimonio con Dios, no es un ritualismo ni un utilitarismo ni es pura exterioridad, ni activismo aunque sea apostólico. Es “vivir en acción de gracias”. Vivir la eucaristía de nuestra vida cotidiana. La unión con Dios. La vida interior. Los campos están maduros. Vayamos a la cosecha.


PSICOLOGIA DE LA TENTACION

Los cristianos queremos seguir a Jesús en todo. Jesús hasta sufrió tentaciones para ayudarnos en las nuestras. Se dejó llevar por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el diablo. “Diablo”, significa “el adversario” y Tentación, quiere decir “prueba”.

Hay que comprender, que para ser tentado, primero hay que ser “libre”. El que no es libre de elegir y decidir, no puede cometer pecado, ni ser tentado. El animal, que siguiendo su naturaleza, mata y devora a sus víctimas, no hace nada malo para él. Al contrario. Pero el hombre, es libre y puede decidir y por eso puede ser probado. Las tentaciones son pruebas y están dentro de nosotros. El placer, el poder y el tener son aspiraciones de todo hombre y pueden ser buenas, cuando las usamos bien. 

Hay un proyecto de Dios para nosotros, que debemos seguir para hacer el bien y ser felices. Pero si nos desviamos y usamos los dones de Dios para hacer el mal y no según su proyecto nos desviamos. Esa es la prueba. Esto también lo sintió Jesús. Pudo apartarse del proyecto de Dios y usarlo según su propio interés y no según el plan de salvación que Dios tenía para su Mesías.

Entre nosotros, especialmente en algunos grupos, está entrando una visión “mecanicista de la tentación y del pecado”. Algunos dicen “el coludo se metió”… “El demonio me hizo “pecar”. Esto es tratar de echar la culpa al demonio o a cualquier otro y no mirar nuestra propia responsabilidad. Somos libres y lo primero que cuenta son nuestros actos voluntarios. Claro, que el demonio es adversario y tentador y trata de llevarnos al mal. Existe la prueba, pero también somos responsables.

La prueba, entabla con nuestra libertad un diálogo en el que reflexionamos y decidimos. Están de una pare nuestros afectos y deseos y por otra, nuestros valores y la voluntad de Dios. El que cede a la tentación, es el que usa el plan de Dios al revés de lo que lo hizo. Por ejemplo el que entiende el amor, como querer ser amado, sin preocuparse de si amar él, al otro. Es como cambiar el amor, por el egoísmo o la violencia. Lo mismo pasa con el placer o el poder y el tener. Es como si Jesús, hubiera aceptado ser el Mesías de sí mismo para salvarse él y no para entregar su vida para salvar a los demás.


EL QUE VE EN LO SECRETO

¿Qué diferencia hay entre un acto y una actitud? Acto es algo transeúnte,. Virtud o actitud, es permanente. Cualquier persona mala, puede a veces hacer algo bueno y viceversa. La actitud, que llamamos también virtud, es una disposición permanente a hacer actos buenos (vicio, si fuera una disposición de hacer actos malos). Esta disposición habitual, supone que hay en nosotros una OPCIÓN FUNDAMENTAL por el bien. Eso es lo que hay dentro de nosotros, en el corazón del hombre. El acto queda afuera. Dios ve lo que somos adentro, ve en lo secreto. El Evangelio del Miércoles de ceniza, dice que hay que hacer actos buenos, de oración, ayuno, limosna, pero no para que nos vean,. Eso no cambia nuestro interior, seguimos siendo tan egoístas como antes. Lo que hay que ser, es ser bueno por dentro, en lo secreto, donde sólo nos ve Dios.


ACOMPAÑAR, DISCERNIR e INTEGRAR

El Papa comienza este polémico capítulo VIII, de “La alegría del amor”, en el que trata de los divorciados vueltos a casa, recordando la situación de “fragilidad”, propia de todo ser humano, por la que muchas veces, “no hacemos lo que queremos” y nos vemos “arrastrados a hacer lo que no queremos”. Sabemos que pecado son sólo los “actos voluntarios, hechos para hacer el mal sobre todo al prójimo”. La pastoral matrimonial, debe tratar de un modo misericordioso, a los casados que tienen problemas. Todos son miembros de la Iglesia, aunque no puedan serlo de una manera completa, sin culpa de ellos. Incluso en estos casados tienen muchos valores que reflejan el amor de Dios y que hay que valorar y apoyar.

La pastoral debe ser “gradual”, no podemos exigir leyes rigoristas y taxativas.

 Hay matrimonios sólo civiles, otros son de mera convivencia. . Muchos  jóvenes desconfían del matrimonio y conviven postergando indefinidamente el compromiso conyugal. Hay que discernir las situaciones y entrar en diálogo con ellos, para hacerles descubrir los elementos que los puedan llevar a una mayor apertura al Evangelio y a un crecimiento humano y espiritual.

Cada vez son más los que después de vivir juntos durante mucho tiempo, piden el Sacramento.

Los jóvenes, conviven  muchas veces, o por miedo a parecer legalistas, como si el matrimonio fuera un simple papel firmado. O tienen miedo a los compromisos para toda la vida, o esperan conseguir mayor estabilidad económica, o porque piensan que el casamiento tiene que ser algo lujoso y oneroso sobre todo si no tienen recursos.

Hay que acoger a todos con paciencia y delicadeza y orientarlos hacia el matrimonio, ayudándolos a transformar las condiciones actuales  la luz del Evangelio, como hizo Jesús con la Samaritana.



SEGUNDA COLUMNA: "SITUACIONES IRREGULARES"

DISCERNIMIENTO DE LAS MISMAS (296 a 306).

A través de la historia, se aplicaron dos lógicas o maneras de vivir la fe: la que integra y la que margina. La lógica de Jesús es “integrar”, por tanto también debe ser la de la Iglesia. Nadie puede ser condenado para siempre, según la lógica del Evangelio. Hablamos que lo que debe hacer la pastoral de la Iglesia, no de lo que hace aquel que elige estar afuera de la comunidad (296).

SITUACIONES IRREGULARES: DIVORCIADOS VUELTOS A CASAR

. Divorciado en nueva unión: hay diversidad de casos. No se pueden juzgar todos de la misma forma, ni con rigorismo. Están los que tienen una unión consolidada en el tiempo, con hijos, conocen su irregularidad para la iglesia y no pueden volver atrás y separarse.

. Los que hicieron grandes esfuerzos para salvar el primer matrimonio y fueron abandonados injustamente.

. Los que contrajeron la segunda unión en vista de la educación de los hijos... Los que están subjetivamente convencidos de la nulidad de su primer matrimonio, por su incapacidad o la de ambos para convivir como pide la Iglesia .

. Otro caso distinto, es el del que viene de un reciente divorcio, con toda la consecuencia de sufrimiento para ellos y su familia.

. Y otro muy distinto, es el del que siempre falló en cumplir sus compromisos.

Hay que distinguir adecuadamente todos los casos y discernir bien las situaciones. No hay recetas fáciles.

Con “todos ellos” hay que seguir una “lógica de integración”. Integrarlos y ayudarlos a superar todas las formas de exclusión que se practican actualmente, para que puedan “madurar”: en el ámbito litúrgico, pastoral, educativo, institucional, como una madre que acoge siempre y anima a sus hijos. El grado de responsabilidad no es igual en todos los casos. No hay normas fijas. Hay que saber discernir cada caso.

No hay que creer que hay una “doble moral”. Pero tampoco es posible afirmar que todos los que viven una situación irregular, están siempre en pecado mortal. No se trata sólo de que alguien no conoce la norma, sino de que realmente “no puede cumplirla”, aunque quiera. Los actos morales, son los actos voluntarios, es decir hecho con advertencia de los que se hace y consentimiento de querer hacer el mal. Además siempre hay circunstancias que rodean cada acto y que determinan su culpabilidad o no. Son circunstancia atenuantes, las que muestran que no pueden ser evitadas. Los ejemplos de circunstancia atenuantes que siempre sostuvo la moral de la Iglesia, son la ignorancia, la advertencia, la violencia, el temor, los hábitos los factores, psíquicos y sociales, la inmadurez afectiva, la angustia. Estas circunstancias pueden hacer que un acto sea menos imputable, o no imputable en absoluto a la persona que lo comete. Es decir que queda disminuida o desaparece del todo la culpa. No es que el mal pase a ser bueno, sino que muchas veces la persona no es culpable de cometerlo. La violencia y la incapacidad afectiva quitan toda voluntariedad. Digamos que no son actos voluntarios.

En este razonamiento el Papa, sigue la doctrina tradicional de la Iglesia y la enseñanza moral de Santo Tomás de Aquino. Además se coloca en la misma línea de pablo VI, que en la “Humanae vitae”, después de declarar la ilicitud de los medios anticonceptivos, declaraba sin embargo, como siempre lo enseñó la Moral, la licitud de los “principios morales”, del “doble efecto” y del “mal menor”. En estos casos, como en de las “circunstancias atenuantes”, algo que de por sí es malo, resulta ser involuntario y por tanto no culpable por parte del sujeto.

Esta enseñanza no sólo es tradicional y ortodoxa, sino que es muy pastoral y misericordiosa, tranquilizadora y llena de paz y amor. Tenemos que agradecer la sabiduría de estos Papas, Pablo VI y Francisco, que son firmes en los principios pero misericordiosos en las aplicaciones pastorales. De otra forma muchos cristianos, se sienten condenados y no comprendidos por la Iglesia y se alejan de ella.


LA ALEGRÍA DISTINTIVO DEL CRISTIANO

“¿Eres Tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”. El Señor viene en persona. 
¿Por qué debemos estar alegres, si aquí no hay ningún motivo de diversión? Si encontráramos algo interesante para distraernos, todavía.
Pero justamente aquí no hay que buscar nada “diverso” (para diversión). Ni debemos “distraernos de lo único importante que estamos haciendo, ¿Qué es el adviento? La conversión. Es decir una “transformación total”.
Ante todo, si se nos invita a la alegría en la esperanza de algo que va a suceder, es porque la situación actual, no tiene nada de alegre. Para Juan era la cárcel y para nosotros… el desierto, o quién sabe. El dolor, la enfermedad y el temor a la muerte, están siempre presentes y se enmascaran bajo todos los otros miedos y tristezas.
Esta vez sin embargo, hay motivo para alegrarnos: el Señor viene a rescatarnos. Pensemos en aquellos prisioneros, encerrados, torturados. Viene a rescatarnos. Hay motivo de alegría.
El motivo de esta alegría, es también motivo de fortaleza. Es Dios mismo quien viene a rescatar a su pueblo. Y esto implica un cambio muy grande, una gran trasformación: el desierto se llenará de flores. Los ciegos, ven. Los sordos, oyen. Los muertos resucitan. Y los “pobres son evangelizados”.
Estos son los “tiempos mesiánicos”. Tiempos de amor, alegría, paz. Tiempos que se inauguran con la segunda venida de Cristo. Tiempos escatológicos, que significa “definitivos”. El dolor, la enfermedad, el pecado, la injusticia, la pobreza, el mal y la muerte, serán vencidos y nosotros encontraremos para siempre el sentido de nuestra vida.
¿Y entre tanto, qué hacemos para estar alegres? Llevar amor y paz. Esto es llevar alegría a los demás, incluso cuando tuviéramos que renunciar a nuestra propia paz y amor, seguramente nos llenará de alegría.